Conversación de yo y mi yo ...
_ ¿Cómo sabes cuándo estás enamorado?
_ Enamorado es... no tener a la persona que quieres y sentir un vacío. Verla pasar de lejos y no sentir un simple cosquilleo, sino un nudo en el estómago, el mismo que te impide comer cuando te sientes solo. Es... ver que no podrás tenerla, e intentar arrancártela de la cabeza de cualquier manera posible, sin importar nada, cometer locuras... Es saber que solo haces el tonto, porque olvidar por voluntad es imposible. Es... en definitiva... volverla a besar y sentir que nada de lo ocurrido importa, perdonar cualquier error, porque estás seguro de que merece la pena pasar muchos más días a su lado.
_ ¿ Alguna vez... quisiste tanto a alguien ?
_ ¿Tanto? ... yo no sabría medir el amor, pero sé...que una vez... quise tanto a una persona que, a cada segundo que pasaba y pensaba en ella, el mundo me iba aplastando poco a poco, me iba consumiendo por dentro. Saber que la había hecho daño, esa idea me taladraba la cabeza, me inundaba de un ruido insoportable. Quererla de lejos... a distancia... distancia que me impedía acercarme a ella, que me alejaba cada vez más, y que cada vez más... la hacía olvidarse poco a poco de mí.
_ Una vez me crucé con una pareja por la calle, iban de la mano, y pensé que cuando yo tuviese algo así, lo cuidaría mucho.
_ No dudo de eso, pero... no es tan fácil como parece. Las personas cometemos errores, y esos errores pueden ser producidos por dos razones, la primera es que cometes errores porque eres una persona absurda, tonta y simple. La otra opción es que eres todo lo contrario, que quieres vivir todo en esta vida tan corta, que buscas sentirte libre, completo, y arriesgas por conseguir todo. Aquí entonces cometemos errores porque, como he dicho antes, somos personas, con lo cual, no somos perfectos. Muchos creen que solo la estupidez, la inmadurez, nos hace tropezar y caer, llegar a un momento en el que te das cuenta de que te has equivocado con tus acciones. Pero yo no creo que sea así. Cuando eres niño, y comienzas con el aprendizaje de la lectura, al principio confundes la “c” con la “k”, no paras en las comas ni comprendes lo que lees en voz alta. Cometes errores, pero no porque seas tonto, sino porque no sabes. Después cuando tienes algo más idea y comienzas ha escribir, cometer errores ortográficos, y no una, sino dos, tres, cuatro veces. En casa mi madre, cuando yo era una niña, me decía: “¿cómo puedes volverte a confundir en esa palabra, si no hace más de diez minutos que la escribiste mal y te la corregí?. No sabía que contestarla, pero no era nada extraño... “mamá, no soy perfecta...”.
Aún me sigo equivocando al escribir algunas palabras, y no creo que sea estúpida por ello, ni me río de nadie cuando comete errores, es más, me gusta. Me gusta la gente que no es absurda, tonta y simple, sino que la razón de sus errores es ser persona, con sus imperfecciones, con sus tropiezos que la ayudan a aprender, con sus ganas de vivir, experimentar cosas nuevas y arriesgarse por cualquier meta que tengan, por muy loca que parezca.
El inconveniente que tiene el cometer errores es el daño que puedes hacer a la gente de tu alrededor, el riesgo que hay en perder a alguna de esas personas absurdas, tontas y simples que nunca sabrán perdonarte todos los errores que cometas, y que nunca sabrán realmente de que trata el vivir una vida de verdad. Perder a alguien así, que solo te duele porque, aunque sea absurda, tonta y simple, tú la tienes idealizada como alguien especial, diferente al resto.
Yo soy un claro ejemplo de la segunda opción de los errores que se cometen. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra. Pues bien, yo soy el animal que tropieza no dos, sino mil veces con la misma piedra. No me avergüenzo de ello, y sé que volveré a tropezar mil veces más, pero no me importa, ¿ y por qué? Porque en cada tropiezo aprendo algo nuevo, siento cosas nuevas, aprendo a vivir, a ser mejor y compartir lo que soy con las personas que quiero. Porque esos errores me alejan cada vez más de ser una persona absurda, simple y tonta, y eso es algo que de verdad me llena por dentro.
Siempre, desde niña, me han gustado las personas que no seguían las reglas marcadas, que no iban contrastados con la idea de lo perfecto. Mis amigas me decían que los chicos que me gustaban solían ser feos, y que ni siquiera el físico les ayudaba a sacar de ellos algún encanto del que presumir. A mí me hacía gracia, porque sus chicos ideales eran altos, guapos, y siempre con un club de fans detrás, pero si tuviese que recordar algo más de ellos no sabría que decir. En cambio, de las personas que a mí me atraían, podría decir quizá más de tres frases. Eran independientes, en cierta medida claro, pero me refiero a que no necesitaban a nadie que estuviese pendiente de ellos, sino que se bastaban, y estaban bien así, no necesitaban ser destacados para sonreir. Eran observadores, y seguramente se dieron cuenta de que yo les consideraba especiales. Cuando hablabas con ellos no escondían nada, ni disfrazaban palabras para decorarlas y que todo se viese bonito. Sí se equivocaban, lo admitían, y se prometían esforzarse más la próxima vez para alcanzar su objetivo. Sabían analizar a la gente, y saber cuando confiar y cuando no. Y si se sentía bien a tu lado, no les importaba compartir su vida pasada contigo, para que pudieses conocerlos más en el presente.
Ese tipo de personas son las que para mí merecen la pena, de las que puedes aprender, y con las que al fin y al cabo podrás contar cuando necesites un apoyo. Solo esas personas consiguen ser amigos dejando a un lado la calificación de conocido, y solo a esas personas las perdonaría cualquier cosa, porque como yo, cometerán mil errores, pero sabrán salir adelante, sabrán arreglarlo si las das otra oportunidad.
Nunca esperes de nadie que esté siempre que lo necesites, o que se equivoque tan solo una vez, porque si buscas la perfección en una persona... te quedarás solo .
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